Una lata basta para que el corazón se acelere, el sueño se apague y el azúcar se dispare, y así pasa todo eso adentro. Comparte esta información con todas las personas que tengan hijos en casa.
Empieza en el cerebro. Durante el día, tu cuerpo va acumulando una sustancia llamada adenosina; es la señal de cansancio, la que te dice "ya párale, descansa". La cafeína tiene casi la misma forma, así que se mete en los mismos receptores y los tapa. La adenosina sigue ahí, acumulándose, pero el cerebro ya no la puede leer. Por eso sientes que el cansancio se fue. No se fue: lo apagaron. Y en cuanto la cafeína se va, todo ese cansancio guardado cae junto.
Al mismo tiempo, el cerebro toma el bloqueo como una alarma y suelta adrenalina. El corazón late más rápido y más fuerte, la presión sube, las pupilas se abren, las manos tiemblan. Eso que los chavos llaman "energía" es el cuerpo en modo de peligro, sin ningún peligro enfrente.
Luego el azúcar. Una lata grande trae más de 50 gramos, unas 12 cucharadas. Entra a la sangre de golpe, el páncreas suelta insulina para bajarla, y una hora después el azúcar cae más abajo de donde empezó: sueño, hambre, irritación. Y la respuesta natural es otra lata.
¿POR QUÉ ES PEOR EN TUS HIJOS?
Porque su cuerpo es más chico y su cerebro sigue en construcción. La cafeína les pega más rápido y más fuerte que a un adulto. Los pediatras dicen que un adolescente no debería pasar de 100 miligramos de cafeína al día, y una lata de medio litro trae entre 150 y 160; una sola ya se pasó. A partir de ahí: palpitaciones, ansiedad, dolor de cabeza, noches sin dormir, y en jóvenes con un problema del corazón que ni saben que tienen, arritmias. Por eso la recomendación de las asociaciones de pediatría es una sola: cero bebidas energéticas en menores de 18 años, y por eso varios países ya prohíben vendérselas.
Lo más peligroso son dos combinaciones. Con alcohol: la cafeína tapa la borrachera, el chavo se siente sobrio, sigue tomando y maneja. Y con ejercicio o calor: el corazón ya acelerado por el deporte recibe la adrenalina encima, y el cuerpo deshidratado la absorbe peor.
Lo que sí les da energía es lo de siempre: dormir 8 horas, comer y tomar agua. Díselo así, sin sermón: no es que esté prohibido, es que lo que sienten con la lata no es energía, es prestada, y el cuerpo la cobra.
