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Lo que tu hijo nunca tiene que hacer si alguien lo provoca en una fiesta, aunque se burlen de él.

Revisado por el Dr. José Rubio Soto, médico general. Última revisión: noviembre de 2026.
Lo que tu hijo nunca tiene que hacer si alguien lo provoca en una fiesta, aunque se burlen de él.

Porque un enojo de unos segundos puede terminar en lesiones para toda la vida, o peor, en muchos años de prisión.

Si tu hijo contesta, ya perdió, aunque gane. Estas son las 5 cosas que nunca tiene que hacer.

CONTESTAR

Ni un "¿qué?", ni un "¿cuál es tu problema?", ni una risa de regreso. Cualquier palabra es el permiso que el otro está esperando. Se queda callado, no hace contacto visual y sigue en lo suyo. Le va a costar; que sepa que no contestar es lo más difícil y lo más hombre que va a hacer esa noche.

SALIR "AFUERA"

"Vamos afuera", "sal si eres muy hombre", "aquí no, allá". Afuera no hay testigos, no hay quien separe, y casi siempre hay más gente esperando. Nadie sale afuera a hablar. A esa invitación la respuesta es una sola: no, y se aleja. Que lo llamen lo que quieran.

DEFENDER SU ORGULLO CON LAS MANOS

Que le digan cobarde, que se burlen de su ropa, de su novia, de su mamá. Enséñale que las palabras no dejan cicatriz y los golpes sí, y que el que necesita pegar para demostrar que es hombre es el que menos seguro está de serlo. Lo que se burlen de él esa noche se olvida en una semana; una lesión o una denuncia, no.

QUEDARSE

Si lo empujaron, si le tiraron la bebida, si ya lo rodearon: se va. No a otro rincón de la fiesta, se va de la fiesta. Sin avisarle al que lo provocó, sin despedirse de nadie, sin voltear. Y llama a quien tenga que ir por él, tú incluido. Irse a tiempo no es huir; es no darles la segunda oportunidad.

SUBIRSE AL CARRO CON LOS QUE SE QUEDARON CON CORAJE

El pleito no termina cuando termina: sigue en el carro, con los amigos diciéndole "no te dejes", y luego en la calle, buscando al otro. Muchos de los muchachos que terminan en la fiscalía o en el hospital no pelearon en la fiesta; fueron a "arreglarlo" después. Que no se suba, que no acompañe, que no regrese.

Y una cosa más, que va contigo: si le pasa, que te llame sin miedo. El muchacho que sabe que en su casa lo van a regañar por "dejarse" es el que se queda a pelear.

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Si de todos modos hubo golpes: cuándo es urgencia

Un golpe en la cabeza puede verse leve y complicarse después: las señales salen de inmediato o tardan horas, incluso días. Llama al 911 o llévalo a urgencias si después del golpe:

  • Perdió el conocimiento, aunque haya sido un momento.
  • Está muy adormilado, se porta raro o dice cosas sin sentido.
  • Le duele muy fuerte la cabeza o trae el cuello tieso.
  • Vomita más de una vez.
  • Convulsiona, tiene una pupila más grande que la otra o no puede mover bien un brazo o una pierna.

Mientras llega la ayuda, no lo muevas si no hace falta. Y nada de alcohol en las 48 horas siguientes a un golpe fuerte en la cabeza.

El alcohol va en la misma plática

Con tragos encima se toman peores decisiones. En los menores, el alcohol hace más probables los accidentes, la violencia y el ser víctima de un delito violento. La Organización Mundial de la Salud pone el acceso al alcohol entre los factores que elevan la violencia entre jóvenes.

Así que «no contestes» va junto con «no tomes». Y el mejor momento para hablarlo es ahora, no la noche de la fiesta.

Lo que protege desde casa

En el mundo ocurren unos 193 000 homicidios al año entre jóvenes de 15 a 29 años, y la mayoría de las víctimas son hombres. Por cada joven que muere, muchos más terminan en el hospital.

Entre lo que ayuda a prevenirlo, esa misma organización menciona enseñar a los muchachos a manejar el coraje y a resolver conflictos; entre lo que lo favorece, la poca supervisión de los papás. Pregunta a dónde va, con quién y cómo regresa. No es desconfianza: es estar presente.