Cuando la atleta china Li Meizhen llevaba 34 kilómetros recorridos, comenzó su periodo en plena competencia. Aún faltaban 8 kilómetros para terminar y, para muchos, habría sido una razón suficiente para detenerse.
Pero ella tomó otra decisión.
Siguió corriendo hasta cruzar la meta y consiguió el tiempo que necesitaba para seguir persiguiendo su sueño. Después explicó que, si abandonaba en ese momento, tendría que volver a correr otro maratón completo para intentarlo de nuevo.
Su historia dio la vuelta al mundo porque recordó algo muy sencillo: la menstruación es una parte normal de la vida de millones de mujeres y no debería ser motivo de vergüenza ni un obstáculo para perseguir una meta.
Hay carreras que no se ganan con un trofeo. Hay carreras que se ganan simplemente por no rendirse.
