Lo que acabas de ver se ve inteligente, y es lo más peligroso que puede hacer tu hija en un asalto. Ese celular se reemplaza; ella no.
El de la moto viene con un plan de 5 segundos: llegar, jalar, irse. Cuando tu hija le rompe el plan, ya sea aventando la bolsa a una casa, jaloneando o corriendo, el asalto se alarga y él tiene que cambiar de planes, y muchas veces eso involucra usar el arma que trae con él. No vale la pena.
Hay mujeres que hicieron exactamente eso, retroceder y forcejear por un celular, y terminaron con un disparo. No lo hicieron por tontas; en ese segundo uno reacciona. Por eso se enseña antes.
Lo que tu hija tiene que saber:
Soltar. Sin jalonear, sin correr, sin aventar nada. Que se lo lleve.
No verlo a los ojos ni gritarle. Manos a la vista y quietas. Entre menos lo sienta como amenaza, más rápido se va.
Fijarse sin que se note: color de la moto, ropa, hacia dónde se fue. Eso se dice después, no en el momento.
En cuanto se aleje, llamarte, bloquear el celular desde otro teléfono y reportar. No perseguirlo, ni aunque alguien más lo haga.
Y antes de que pase: el celular guardado cuando camina sola, la bolsa cruzada del lado de la pared, caminar lejos de la orilla de la banqueta y un solo audífono, nunca los dos.
En un asalto no se gana. Se sale.
