La muela del juicio puede convertirse en tu peor pesadilla. Si no se retira a tiempo, es capaz de empujar a los demás dientes, deformar tu sonrisa, provocar infecciones y hasta destruir piezas completamente sanas.
Y lo peor es que muchas veces ni siquiera logra salir: se queda atrapada dentro de tu mandíbula, creciendo en la dirección equivocada. Por eso, millones de personas terminan en cirugía para extraerla. Así es como los dentistas sacan una muela del juicio.
Para entender por qué causa tantos problemas, primero hay que saber qué es. La muela del juicio es el tercer molar, el último diente que nos sale, casi siempre entre los diecisiete y los veinticinco años. El problema es que, para entonces, la boca ya está llena, y muchas veces no queda espacio para ella. Cuando eso pasa, en lugar de salir derecha, empuja, se inclina o se queda enterrada en el hueso. Por eso hay que sacarla.
Pero antes de tocar nada, el dentista necesita un mapa. Toma una radiografía panorámica, o incluso una tomografía, para ver el tamaño y la posición de las raíces, y sobre todo qué tan cerca están de un nervio importante de la mandíbula. Un solo milímetro mal calculado ahí puede traer complicaciones, así que este paso es clave.
Con el plan listo, se desinfecta la boca y se aplica la anestesia. Puede ser local, que deja al paciente despierto pero sin sentir dolor; por sedación, que lo deja adormilado y casi sin recuerdos del procedimiento; o general, que lo duerme por completo mientras un equipo vigila su respiración y su ritmo cardíaco.
Y entonces empieza la cirugía. Cuando la muela está atrapada bajo la encía, el dentista hace un pequeño corte para abrir el tejido y dejar al descubierto el hueso que la cubre. Luego retira con cuidado parte de ese hueso, hasta que por fin la muela queda a la vista.
Aquí llega el momento que sorprende a casi todos. En vez de jalar la muela entera, algo que muchas veces es imposible, el dentista la corta en varios pedazos con un instrumento especial. A esta técnica se le llama odontosección, y es la clave de toda la operación: al dividir la muela en partes más pequeñas, puede sacarla poco a poco sin dañar el hueso ni los dientes de al lado.
Una vez partida, usa unos instrumentos llamados elevadores para aflojar cada trozo y empujarlo hacia afuera, y después, con unas pinzas, los va extrayendo uno por uno hasta no dejar nada. Cuando ya salió todo, limpia muy bien la zona para retirar cualquier resto.
Para terminar, según el caso, el dentista puede cerrar la herida con puntos, que suelen retirarse a los siete días, o simplemente colocar una gasa que el paciente muerde unos veinte minutos para que la sangre coagule. Y aunque por fuera parezca sanar rápido, el hueso y el tejido tardan alrededor de seis meses en regenerarse por completo allá dentro.
La extracción es un procedimiento ambulatorio, así que el paciente se va a casa el mismo día. Pero los días siguientes son los más importantes: hay que comer alimentos blandos, evitar el esfuerzo físico, no fumar ni tomar alcohol, y cuidar mucho la higiene, porque si el coágulo que protege la herida se desprende, puede aparecer una dolorosa complicación llamada alveolitis. Para la hinchazón basta con aplicar frío; pero si el dolor no cede, lo mejor es volver con el especialista.
¿Y a ti, ya te sacaron alguna muela del juicio? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios y comparte este video con esa persona que sabes que pronto tendrá que pasar por esto.
