Tu hija no te dejó de contar sus cosas porque ya no te quiera. Pasó algo peor: se decepcionó. Soy psicóloga clínica, y esto es lo que casi nadie ve.
Pásale esto por WhatsApp a quien tenga hijas en casa.
- TE CONTÓ ALGO Y RECIBIÓ UN REGAÑO
Un día llegó a contarte que reprobó un examen, que le gusta alguien o que su amiga hizo algo que no debía. Y antes de que terminara, ya le estabas diciendo lo que hizo mal.
Ella no aprendió la lección que querías. Aprendió que contarte las cosas le sale caro.
La próxima vez, escúchala hasta el final antes de opinar. Pregúntale: "¿Y tú cómo te sentiste?". Si hay algo que corregir, que sea después y con calma. Una hija que se siente escuchada vuelve a contarte, incluso lo que no te va a gustar.
- LE DIJISTE QUE NO ERA PARA TANTO
Para ti, un pleito con su amiga o un mensaje que no le contestaron es una tontería. Para ella, en ese momento, es lo más importante que le está pasando.
Cuando le dices "eso no es nada" o "ya se te va a pasar", lo que escucha es que lo que siente no importa.
No tienes que estar de acuerdo con ella. Solo reconoce lo que siente. "Te entiendo, eso duele" abre más puertas que cualquier consejo.
- LO QUE TE CONTÓ, LO SUPIERON OTROS
Se lo comentaste a tu hermana, a tu pareja o a toda la familia en la comida. Quizá con buena intención, quizá entre risas.
Para ella fue una traición. Y nadie le vuelve a contar un secreto a quien ya lo contó.
Lo que te cuente se queda entre ustedes. La única excepción es si está en peligro, y en ese caso díselo de frente: "Esto lo tengo que hablar con alguien porque me importa que estés bien".
A los hijos les pasa exactamente igual. Muchas veces no lo dicen; solo se encierran en su cuarto y contestan con una palabra.
CÓMO RECUPERAR SU CONFIANZA
Si ya se alejó, no la presiones para que te cuente. Busca momentos lado a lado, no de frente: en el carro, cocinando o caminando. Hablar sin mirarse a los ojos le quita presión.
Y si te equivocaste, díselo: "Esa vez no te escuché, y lo siento". Una disculpa de su mamá o de su papá le enseña más que cualquier sermón.
Tu hija no necesita que tengas todas las respuestas. Necesita saber que puede contarte las cosas sin miedo.
SÍGUEME. AQUÍ HAY MÁS CONSEJOS PARA ENTENDER A TUS HIJOS.
Cuándo el silencio ya no es solo distancia
Ser adolescente es difícil. Hay presión por caer bien, sacar buenas calificaciones y llevarse bien con la familia, y preocuparse por eso es normal. Pero algunas señales pueden indicar un problema de salud mental, que es real, duele y a veces es grave. Pon atención si tu hija o tu hijo:
- Se ve muy triste, sin esperanza o siente que no vale nada.
- Anda molesto o muy preocupado casi siempre.
- Sigue sufriendo mucho tiempo después de una pérdida o una muerte.
- Siente que su mente está fuera de control o que alguien la controla.
- Toma alcohol o usa drogas.
- Hace ejercicio de forma obsesiva, hace dietas o come en exceso.
- Lastima a otros, rompe cosas o hace cosas imprudentes que podrían lastimarle.
Qué hacer si ves estas señales
- Háblale con calma y sin regaños: «Te he visto mal y me importa cómo estás».
- Habla con el consejero de su escuela.
- Busca a un profesional de la salud. Estos problemas se pueden tratar, y muchas personas mejoran o se recuperan por completo.
- Si en ese momento está en peligro de lastimarse o de lastimar a alguien, no esperes y llama al 911.
Lo que sostiene la confianza día a día
No hay una sola forma correcta de criar, pero estas cosas ayudan:
- Demostrarle afecto y escucharla.
- Pasar tiempo juntos.
- Poner límites claros y cumplirlos con constancia.
- Conocer a sus amistades y saber en qué actividades anda.
- Darle el ejemplo.
Si hay pleitos en casa, eso no significa que la familia esté fallando. Los conflictos son parte de la vida familiar. Escucharse y trabajar juntos para resolverlos es lo que fortalece a la familia.
