EDICIÓN DIARIA
Guía diaria de emergencias y prevención
Inicio/Salud y cuerpo/Nota
Salud y cuerpo

Si tu pareja no deja el refresco, así serán sus últimos años

Elaborado por Dr. José Rubio Soto
Si tu pareja no deja el refresco, así serán sus últimos años

Imagina a tu pareja en unos años. No desayunando contigo los domingos, sino conectado 4 horas a una máquina que le limpia la sangre, tres veces por semana, porque sus riñones dejaron de funcionar. Y adivina quién lo va a llevar, esperarlo y traerlo de regreso cada una de esas veces. Tú.

El refresco no solo le está quitando años de vida a tu pareja. Te los está quitando a ti también.

Esto no es una exageración. Es el final más común de alguien que tomó refresco toda su vida, y empieza con una palabra que ya conoces: diabetes.

Cada vaso de refresco es una descarga de azúcar que golpea su cuerpo. Con los años, sus células se cansan de tanta azúcar y dejan de responder a la insulina. El azúcar ya no entra a las células: se queda atrapada en la sangre, y ahí empieza a destruir todo lo que toca.

Primero daña sus vasos sanguíneos, como si miles de pequeños cristales rasparan sus paredes día y noche.

Después llega a sus riñones. Esos filtros que limpian su sangre trabajan forzados durante años, hasta que un día dejan de funcionar. Y cuando los riñones mueren, solo hay dos caminos: un trasplante… o una máquina de hemodiálisis por el resto de su vida.

Luego, sus ojos. La diabetes es una de las principales causas de ceguera en adultos. Empieza viendo borroso, y puede terminar sin ver la cara de sus hijos.

Y sus pies. El azúcar destruye los nervios y tapa la circulación. Una ampolla que no sintió se convierte en una herida que no cierra, la herida en una infección, y la infección en una amputación. Así, en México, se amputan miles de pies cada año.

Y ahora hablemos de ti.

Porque tu pareja va a estar enferma, pero la que va a cargar la enfermedad eres tú.

Tú vas a ser quien le mida la glucosa y le inyecte la insulina todos los días. Quien le cure esa herida del pie cada mañana, rezando para que no huela mal, porque ese olor significa hospital. Quien lo lleve a diálisis tres veces por semana y se pase la vida en salas de espera.

Tú vas a ser quien lo bañe cuando ya no vea. Quien lo cuide cuando ya no camine. Quien gaste los ahorros de los dos en medicamentos, tiras de glucosa, curaciones e internamientos.

Dejaste de ser su pareja. Ahora eres su enfermera de tiempo completo, sin sueldo, sin descanso y sin vacaciones.

Y todo por un vaso de refresco que "no hace daño".

La buena noticia es que esta historia todavía se puede cambiar. La diabetes tipo 2 se puede prevenir, y hasta la prediabetes se puede revertir: dejar el refresco, caminar 30 minutos al día y bajarle al pan dulce reducen el riesgo enormemente.

Envíale esta información a tu pareja, a tu papá, a ese amigo que se toma tres refrescos al día y dice que está bien. Porque no se va a morir rápido: se va a apagar lento, durante años… y va a arrastrar a toda su familia con él.