Hay mujeres que tuvieron a su bebé hace años y todavía les duele el punto exacto donde les pusieron la epidural. Y cuando lo dicen, alguien les contesta que exageran. No exageran: el dolor es real. Así es la aguja epidural. Es larga, es gruesa y da miedo verla. Pero la aguja no se queda en tu espalda: entra, deja un tubito delgado como un hilo y sale.
Antes de meter la aguja, te adormecen la piel. Por eso la mayoría siente presión, no un piquete fuerte. El tubito se queda solo mientras dura el parto y después lo quitan.
Lo normal después: que te duela ese punto de la espalda unos días, como un moretón. Se quita solo.
Lo que no es normal en los primeros días, y con lo que debes regresar al hospital: dolor de cabeza muy fuerte que empeora al pararte y se calma acostada; fiebre junto con el dolor de espalda; dolor que va empeorando en lugar de mejorar; piernas débiles o adormecidas que no se recuperan; o no poder controlar la orina. Todo eso tiene tratamiento, pero es urgente.
Y el dolor que sigue meses o años después: es real, pero la aguja casi nunca es la causa. Las mujeres que no se ponen la epidural tienen dolor de espalda con la misma frecuencia. El embarazo afloja las articulaciones, la panza cambia tu postura, el parto exige mucho a la espalda y luego cargas al bebé todo el día. Eso sí deja secuelas, y eso sí se trata.
Así que si te duele ahí desde hace años, no lo aguantes porque "fue la epidural". Ve con tu médico y pide que revisen tu espalda; muchas veces con rehabilitación mejora mucho.
Esta información es educativa y no sustituye la valoración de un profesional de la salud. Ante una emergencia, llama al 911 o al número de emergencias de tu país.
