Antes, cuando a una persona mayor le fallaba la cadera, era quedarse sentada para siempre. Hoy le cambian la pieza dañada por una de metal y vuelve a caminar. Por eso esta cirugía se hace cada vez más, y aquí te contamos por qué tanta gente está llegando a ella y qué puedes hacer hoy, desde joven, para que de adulto no tengas que llegar a esa operación. Envía esta información al grupo de WhatsApp de tu familia; puede evitar que alguien cometa este error.
¿POR QUÉ CADA VEZ MÁS GENTE?
La razón principal es buena noticia: vivimos muchos más años que antes. El problema es que la cadera se sigue gastando al mismo ritmo de siempre, así que el cuerpo llega más lejos que las piezas. A eso súmale 2 cosas que empeoran todo: el sobrepeso, porque cada kilo de más le carga trabajo extra a la articulación, y las caídas, porque con los huesos debilitados por la edad, un mal paso puede quebrar la cadera y mandarte directo al quirófano.
¿EN QUÉ CONSISTE LA OPERACIÓN?
Tu cadera funciona como una esfera girando dentro de una copa. Entre las dos hay un cartílago que amortigua, y cuando se gasta, el hueso talla contra el hueso: por eso duele cada paso. En la cirugía, que dura menos de 2 horas, el médico quita la parte gastada y la cambia por piezas de metal que hacen el mismo trabajo. Con el tiempo, el propio hueso se agarra del implante y lo hace suyo. La mayoría de la gente vuelve a caminar sin dolor.
¿QUÉ PUEDES HACER DESDE HOY?
Son 3 cosas y todas están en tus manos. Cuida tu peso, porque tu cadera carga contigo todos los días de tu vida. Muévete con ejercicio de bajo impacto, como caminar, nadar o andar en bicicleta: los músculos fuertes alrededor de la cadera son su mejor protección. Y alimenta tus huesos con calcio, vitamina D y ejercicio de fuerza, porque muchas de estas operaciones no vienen del desgaste, sino de una caída que quebró un hueso débil.
¿Y SI YA OPERARON A TU FAMILIAR?
Las primeras semanas son las delicadas, porque la prótesis nueva todavía se puede salir de su lugar. Las reglas: que no cruce las piernas, que no doble la cadera más de 90 grados —nada de sillas bajas ni de agacharse a recoger cosas del piso—, que duerma con una almohada entre las piernas, y quítale del camino tapetes, cables y todo con lo que se pueda tropezar. Y acompáñalo a sus terapias: esa parte vale tanto como la operación.
Si después de la cirugía aparece fiebre, el dolor va subiendo en vez de bajar, o se le hincha y duele la pantorrilla, hay que llamar al médico de inmediato.
Esta información es educativa y no sustituye la valoración de un médico. Si tienes dolor de cadera o un familiar operado, sigue siempre las indicaciones de su especialista.
