Cada vez que una mamá le da pecho a su bebé, no solo lo alimenta: le pasa anticuerpos que lo protegen de diarreas, infecciones de oído y enfermedades respiratorias.
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Y lo más bonito es que esa leche cambia según lo que el bebé necesita. Cuando el bebé se enferma, la leche de mamá puede llegar con muchas más defensas. En un estudio, los glóbulos blancos, que son las células que pelean contra las infecciones, aumentaron hasta 13 veces en la leche cuando el bebé estaba enfermo.
De noche tampoco es igual que de día. La leche de la noche trae casi 5 veces más melatonina, la hormona que ayuda a dormir, y la de la mañana trae más de la hormona que ayuda a despertar. Por eso, si te sacas leche, anota la hora en el frasco y dale la de la noche en la noche. Todavía se estudia cuánto influye en el sueño del bebé, pero no cuesta nada.
Casi 90% de la leche materna es agua. Por eso, un bebé que solo toma pecho no necesita agua, tés ni jugos en sus primeros 6 meses, aunque haga calor: la leche ya lo hidrata. El resto son grasas, proteínas, azúcares, vitaminas, hormonas, enzimas que le ayudan a digerir y hasta células madre, que los científicos todavía estudian para entender qué hacen en el cuerpo del bebé.
Todo eso junto hace que los bebés que toman pecho se enfermen menos de diarrea y de neumonía, y que se eviten más de la mitad de las hospitalizaciones por esas enfermedades.
Y si no pudiste dar pecho, no te sientas culpable. Lo que importa es que tu bebé esté bien alimentado y querido.
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Lo que también gana mamá al dar pecho
La lactancia no solo cuida al bebé. También puede beneficiar tu salud: algunos tipos de cáncer aparecen con menos frecuencia en las mamás que amamantaron. Si no tienes problemas de salud, lo recomendable es intentar dar pecho por lo menos durante los primeros seis meses de vida del bebé. Y si tienes alguna enfermedad, no des por hecho que no puedes: la mayoría de las mujeres con problemas de salud sí pueden amamantar. Solo en casos raros, por ciertas enfermedades, se aconseja no hacerlo. Si tienes dudas, platícalo con tu médico antes de decidir.
Lo que también pasa a la leche
Así como pasan las defensas, también pasan otras cosas que pueden dañar al bebé:
- Algunos medicamentos. Antes de tomar cualquiera, aunque sea para algo sencillo, pregúntale a tu médico si puedes tomarlo mientras das pecho.
- El alcohol.
- Las drogas ilegales.
Si estás teniendo problemas con la lactancia, busca a un especialista en lactancia. Pedir ayuda a tiempo puede evitar que dejes de amamantar por un problema que tenía solución.
La vitamina D, un pendiente para la consulta
La leche materna trae mucho, pero un bebé que solo toma pecho y no recibe un suplemento de vitamina D puede quedarse corto de esta vitamina. La vitamina D ayuda a que los huesos en crecimiento aprovechen el calcio y el fósforo. Cuando falta, puede aparecer raquitismo, que deja los huesos blandos y débiles. El riesgo es mayor si el bebé tiene piel oscura o pasa muy poco tiempo al aire libre. En la consulta, pregúntale al pediatra si tu bebé necesita un suplemento. Si lo necesita, dale solo el que te recete tu médico.
Si aun así le da diarrea
Tomar pecho protege, pero no hace al bebé invencible. Los niños pequeños tienen diarrea unas dos veces al año en promedio, y en ellos la causa más común es un virus llamado rotavirus. También puede venir de agua o alimentos contaminados, o de manos y superficies sucias que luego llegan a la boca. Los niños que van a guardería se contagian con más facilidad. Para cuidarlo:
- Lávate las manos con agua y jabón después de cambiar pañales y antes de amamantar o de preparar comida.
- Lava seguido los juguetes y las superficies que el bebé se lleva a la boca.
- Fíjate cuántas veces evacúa. Si hace popó aguada tres o más veces en un día, es diarrea.
- Llévalo al médico si la diarrea dura más de unos días o si notas que se está deshidratando. Una diarrea que no se quita puede ser señal de un problema más serio.
