Un niño de Venezuela se ganó el corazón de todos cuando se ofreció como voluntario para ayudar en las labores de rescate. Ahí conoció a Los Topos, los legendarios rescatistas mexicanos, y su misión fue una de las más nobles: ayudar a salvar a un perro y un gato que seguían atrapados entre los escombros.
Los Topos quedaron tan conmovidos que le dejaron un mensaje en su casco y lo nombraron "topo honorario". Desde entonces, todos lo conocen como "El Topito".
Sebastián nos recuerda que para ser héroe no hay que esperar a crecer: basta con tener el corazón dispuesto. El mundo necesita más topitos.
