Durante 9 meses, todo lo que un bebé necesita para vivir le llega por un solo lugar: el cordón umbilical. Y por dentro no es un tubo, son 3.
Uno es una vena, la más grande. Por ahí le llegan al bebé el oxígeno y el alimento desde la placenta.
Los otros 2 son arterias, y van de regreso: se llevan la sangre que ya usó el bebé, con sus desechos, hasta la placenta. Ahí se los lleva la sangre de la mamá, porque los pulmones y los riñones del bebé todavía no hacen ese trabajo.
Las arterias van enrolladas alrededor de la vena, y las 3 están envueltas en una gelatina que las protege para que no se aplasten. Al final del embarazo, el cordón mide como medio metro.
Y lo más sorprendente: la sangre de la mamá y la del bebé no se mezclan. En la placenta, a través de una capa delgadita, el oxígeno y el alimento pasan de una sangre a la otra.
Cuando el bebé nace, esa gelatina se hincha, aprieta los conductos y la sangre deja de pasar sola. El lazo que lo mantuvo con vida 9 meses se cierra por sí mismo.
Muéstraselo a tu esposo, para que sepa todo lo que pasó dentro de ti durante 9 meses.
Cuándo se corta: por qué se espera al menos un minuto
Cuando el bebé nace, el cordón se aprieta con una pinza y se corta. La Organización Mundial de la Salud recomienda no hacerlo de inmediato, sino esperar entre 1 y 3 minutos, mientras al bebé ya lo están atendiendo. A eso se le llama pinzamiento tardío, y vale igual para parto que para cesárea.
¿Para qué esperar? En ese rato al bebé le sigue llegando sangre de la placenta. En los estudios que revisó la OMS, a los bebés que les pinzaron el cordón antes del minuto les faltó hierro con más frecuencia entre los 3 y los 6 meses de edad. La excepción es el bebé que nace sin respirar bien y necesita reanimación inmediata: ahí no se espera. Pregunta en tu hospital cómo lo manejan, antes del parto.
Cómo cuidar el muñón en casa
Lo que queda pegado al ombligo es el muñón: un pedacito de cordón que se seca y se cae solo. Mientras eso pasa, es una puerta por donde puede entrar una infección. El cuidado es sencillo, pero de todos los días.
- Lávate las manos antes de tocarlo o de cambiar al bebé.
- Mantenlo limpio y seco. Si se ensucia, lávalo con agua y jabón y sécalo muy bien. No hace falta lavarlo a cada rato: mojarlo de más retrasa su caída.
- Déjalo destapado, al aire lo más que se pueda. No lo cubras con nada y no fajes al bebé.
- Mientras no se caiga, el baño es con esponja: no lo sumerjas en la tina.
- No lo jales, ni aunque cuelgue de un hilito. Si se arranca antes de tiempo, puede sangrar.
Y lo que muchas familias ponen con buena intención, pero no debe ir ahí: fajeros, monedas, frijoles, canicas, algodón ni ninguna sustancia o líquido.
Cuándo se cae y qué es normal
Lo habitual es que se caiga entre la primera y la segunda semana de vida; puede ser desde los 5 hasta los 15 días. Si a las 4 semanas sigue ahí, llévalo a consulta: a veces hay un problema detrás.
A veces, en lugar de secarse del todo, queda un bultito de tejido rosado que suelta un líquido amarillento y claro. Se llama granuloma y casi siempre se quita solo en una semana. Si no se quita, que lo vea el médico.
Señales de infección: cuándo ir a urgencias
La infección del ombligo no es frecuente, pero cuando ocurre puede extenderse rápido. Lleva al bebé a urgencias ese mismo día si notas:
- Líquido amarillento, pus o mal olor en el muñón.
- La piel de alrededor roja, hinchada o que le duele cuando la tocas.
- Sangrado que no para: limpias una gota y sale otra.
- Fiebre de 38 °C o más.
- No quiere comer, está muy decaído o lo sientes flojito, sin fuerza.
Si le cuesta trabajo respirar o tiene los labios o las uñas morados, llama al 911.
