EDICIÓN DIARIA
Guía diaria de emergencias y prevención
Inicio/Salud y cuerpo/Nota
Salud y cuerpo

Así empezó el VIH. ¿Quién fue el paciente cero?

Elaborado por Dr. José Rubio Soto
Así empezó el VIH. ¿Quién fue el paciente cero?

Todo empezó con una gota de sangre de chimpancé, hace unos 100 años, y pasaron 60 años antes de que alguien se diera cuenta de que había un virus nuevo.

En 1981, en Los Ángeles, un médico empezó a ver algo que no tenía sentido: hombres jóvenes y sanos con una pulmonía rarísima, de las que solo les dan a personas con las defensas muy bajas. Al mismo tiempo, en Nueva York aparecían casos de un cáncer de piel muy raro. Así se descubrió el sida, y muy pronto la gente buscó a un culpable.

¿QUIÉN FUE EL PACIENTE CERO?

Durante años, los periódicos señalaron a un hombre: Gaëtan Dugas, un sobrecargo canadiense. Lo llamaron “el paciente cero” y “el hombre que nos trajo el sida”.

Todo fue por una letra. En un estudio de los primeros casos, los investigadores lo marcaron como “paciente O”, de “fuera de California”, porque no vivía ahí. Alguien leyó esa O como un cero, y un libro muy vendido convirtió el error en historia.

Décadas después, científicos analizaron el virus de su sangre y lo compararon con muestras de los años 70. El virus ya circulaba en Nueva York desde alrededor de 1970, antes de que él pudiera llevarlo. No fue el paciente cero. Él murió en 1984, y su nombre cargó con esa culpa casi 30 años.

Entonces, ¿quién fue?

EL VERDADERO PACIENTE CERO

El VIH no salió de un laboratorio. Es pariente de un virus que tienen los chimpancés, y el más parecido está en chimpancés del sureste de Camerún, en África.

Lo más probable es que el primer humano contagiado fuera un cazador que se cortó al destazar un chimpancé infectado. Con esa herida y un poco de sangre bastó. Nadie sabe su nombre, y nunca lo vamos a saber.

Y si te dijeron que vino de un mono, no estaban tan lejos: se cree que los chimpancés, a su vez, lo agarraron de monos que cazan.

Esto no pasó una sola vez. Virus de simios han pasado a personas al menos 13 veces, y casi siempre se apagan solos: se quedan en unos cuantos contagios y ahí mueren. Este no.

¿CÓMO LLEGÓ AL MUNDO?

El virus viajó, probablemente por el río, hasta una ciudad que crecía muy rápido: Kinshasa, hoy capital del Congo. Hacia 1920 ya estaba ahí. Llegaban miles de hombres a trabajar, muchas veces se reusaban agujas casi sin lavar, y con los años los trenes llegaron a mover a más de un millón de personas al año.

Así se esparció en silencio, porque el VIH puede pasar años en el cuerpo sin dar molestias. La gente moría de pulmonía o de diarrea, y nadie sabía que detrás había un virus.

En los años 60 llegó a Haití, y alrededor de 1970, a Nueva York. Cuando los médicos de Los Ángeles lo notaron, el virus ya llevaba 60 años entre nosotros.

¿CÓMO LO SABEMOS?

El VIH es muy malo para copiarse: cada vez que se multiplica comete errores, y esos errores se heredan. Como se acumulan a un ritmo parecido, funcionan como un reloj: entre más diferencias hay entre dos virus, más tiempo hace que se separaron.

Para ponerle hora a ese reloj, los científicos usaron dos muestras viejísimas de Kinshasa: una de sangre de 1959 y un pedazo de ganglio de 1960, guardado en cera. Con ellas calcularon que el salto a humanos fue alrededor de 1920.

Al cierre de 2025, 41 millones de personas vivían con VIH en el mundo, y con tratamiento pueden tener una vida larga. Pero esta historia deja una lección: cuando la gente tiene miedo, busca a quién culpar. Culparon a un sobrecargo de algo que empezó décadas antes de que él naciera, en una selva donde nadie lo vio.