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6 cosas horribles del parto natural que ninguna mujer dice

Elaborado por Dr. José Rubio Soto
6 cosas horribles del parto natural que ninguna mujer dice

Seis cosas horribles del parto natural que ninguna mujer dice. Si crees que un parto natural es fácil, este video te va a hacer amar aún más a tu madre. Porque cuando nace el bebé, todos quieren saber cuánto pesó, a quién se parece y si está sano.

Pero pocas personas preguntan cómo está la mujer que acaba de parir.

Si puede sentarse sin dolor. Si tiene miedo de ir al baño. Si lleva tres noches sin descansar. O si está llorando cuando nadie la ve.

No todas las mujeres pasan por lo mismo. Algunas se recuperan con pocas molestias; otras necesitan mucho más apoyo y tratamiento.

Y si tu bebé nació por cesárea, quédate también: varias de estas cosas te pueden pasar igual.

Manda este video al grupo de tu familia. Sobre todo a quienes van a acompañar a una mamá después del nacimiento.

1. LOS PUNTOS QUE NADIE VE

Al pasar el bebé, la piel y los tejidos de la entrada de la vagina se estiran muchísimo. Puede haber desgarros pequeños que sanan sin puntos, o lesiones más profundas que necesitan reparación.

Y luego está el corte del que tantas mujeres hablan: la episiotomía. Se hace en la zona entre la vagina y el ano para ampliar la salida.

¿Es obligatorio que te corten?

No. No debe hacerse por rutina. Se reserva para situaciones concretas, por ejemplo, cuando hace falta acelerar el nacimiento por un problema con el bebé.

Deben explicarte por qué lo proponen, pedir tu consentimiento y controlar el dolor. Si al cortar o al coser sientes dolor, dilo de inmediato para que revisen la anestesia.

Después, una herida en esa zona puede doler al sentarte, caminar o ir al baño. Algo tan sencillo como levantarte de la cama se vuelve una maniobra que haces despacio.

¿Se puede reducir el riesgo de desgarro?

Hay medidas que pueden ayudar, como las compresas tibias durante la salida del bebé y, desde las últimas semanas del embarazo, el masaje perineal con orientación profesional. Pero ninguna garantiza que no haya lesión. Si te desgarraste, no significa que hiciste algo mal.

  1. CUANDO NACE EL BEBÉ, EL DOLOR PUEDE SEGUIR

Primero todavía tiene que salir la placenta. Después, el útero sigue contrayéndose para reducir su tamaño y ayudar a controlar el sangrado.

Son los entuertos.

Puedes tener al bebé dormido sobre el pecho y sentir otra vez un cólico fuerte. Suelen notarse más cuando ya has tenido otros hijos, y pueden intensificarse mientras amamantas.

La misma hormona que ayuda a que salga la leche también hace que el útero se contraiga. Por eso algunas mamás sienten el cólico justo cuando el bebé empieza a comer.

Y aquí faltaba algo que muchas escribieron en los comentarios: el dolor de la lactancia.

Pezones agrietados. Sangrado. Miedo a que llegue la siguiente toma porque sabes que va a doler.

Eso merece ayuda. El dolor intenso o que continúa durante las tomas no debe darse por hecho como algo que tienes que soportar.

A veces el bebé está agarrando principalmente el pezón y necesita un agarre más profundo. Una persona capacitada en lactancia puede observar una toma y ayudarte a ajustar la posición o identificar otra causa.

Si además tienes una zona del pecho caliente, roja y dolorosa, con fiebre o sensación de estar enferma, busca valoración: puede ser mastitis.

No permitas que te aprieten o te masajeen el pecho con fuerza para “deshacer las bolas”. Eso puede empeorar la inflamación.

  1. EL SANGRADO QUE SIGUE CUANDO YA ESTÁS EN CASA

Después del nacimiento sale sangre y tejido del útero. A esto se le llama loquios y puede durar varias semanas.

Al principio suele ser más rojo y abundante. Después debe ir disminuyendo y cambiando de color.

Pero escucha bien: que pueda durar semanas no significa que sea normal sangrar muchísimo durante semanas.

Si empapas una toalla sanitaria en una hora, expulsas coágulos más grandes que un huevo, te mareas mucho o te desmayas, busca atención de inmediato.

No esperes a la siguiente cita ni a ver si mañana baja.

Esta es una de las razones por las que la mamá también necesita vigilancia al volver a casa. Que el bebé ya haya nacido no significa que hayan terminado todos los riesgos.

4. IR AL BAÑO PUEDE DAR TERROR

Imagínate tener puntos en una zona que se mueve cada vez que te sientas. Ahora imagínate la primera vez que tienes ganas de hacer del baño.

Muchas mujeres piensan: “Si pujo, se me va a abrir todo”.

Es muy poco probable que evacuar abra los puntos. Pero aguantarte por miedo puede empeorar el estreñimiento y hacer que después sea más difícil.

Toma agua, come alimentos con fibra y evita hacer fuerza excesiva. Si sigues estreñida, pide orientación: pueden indicarte un medicamento para ablandar las heces.

También pueden aparecer hemorroides, que hacen todavía más incómodo sentarse o evacuar.

Y al orinar, el contacto con la herida puede arder. Dejar caer suavemente agua tibia por fuera mientras orinas puede aliviarlo.

Si no puedes orinar, el dolor aumenta mucho o la herida se abre o huele mal, necesitas revisión.

  1. LAS SECUELAS QUE MUCHAS CARGAN EN SILENCIO

Se te escapa la orina cuando toses. Evitas brincar. Sientes peso o un bulto en la vagina. O las relaciones sexuales duelen y te da pena decirlo.

Detrás de estas molestias puede estar el piso pélvico: el conjunto de músculos y tejidos que ayuda a sostener la vejiga, el útero y el intestino.

El embarazo y el parto pueden afectarlo. Y algunas lesiones también dificultan controlar los gases o las evacuaciones.

Pero tener una fuga de orina no significa que tengas que vivir así para siempre.

Hay tratamientos y fisioterapia especializada. La valoración ayuda a saber qué necesitas: fortalecer, mejorar la coordinación, trabajar una cicatriz o aprender a relajar músculos que quedaron demasiado tensos.

Por eso, si hay dolor, ponerse a apretar y apretar siguiendo cualquier video puede no ser lo adecuado para ti.

Y si ya pasaron años, también vale la pena consultar. Dilo tal cual:

“Desde mi parto se me sale la orina”.

“Me duele tener relaciones”.

“Siento que algo se me viene hacia abajo”.

Son motivos para recibir atención. No tienes que esperar a que alguien te pregunte.

  1. RECUPERARTE MIENTRAS ALGUIEN DEPENDE DE TI PARA TODO

Ahora junta todo.

La herida. Los cólicos. El sangrado. El pecho sensible. Dormir a ratitos. Y un recién nacido que necesita comer, que lo cambien y que lo carguen a cualquier hora.

Encima, llegan visitas que esperan encontrarte feliz.

Puedes querer muchísimo a tu bebé y sentirte agotada, asustada o desbordada.

En los primeros días puede haber llanto fácil y cambios de ánimo que mejoran durante las primeras dos semanas.

Pero si la tristeza o la ansiedad son intensas, te impiden funcionar o duran más de dos semanas, busca ayuda profesional. Si te sientes muy mal, no tienes que esperar a cumplir ese plazo.

La depresión posparto se puede tratar. No es culpa tuya.

Si tienes pensamientos de hacerte daño o de dañar al bebé, cuéntaselo de inmediato a alguien de confianza y busca atención urgente.

La confusión intensa, escuchar voces o ver cosas que otras personas no perciben también requieren atención de emergencia. Que una persona de confianza se quede contigo y ayude a mantenerlos seguros mientras llega la atención.

¿Y LA CESÁREA? ¿ES MÁS FÁCIL?

Una cesárea es una cirugía mayor del abdomen y del útero. La herida está cerrada, pero los tejidos siguen cicatrizando.

Levantarte, toser o acomodarte para cargar al bebé puede doler. Y también puedes tener sangrado vaginal, dificultades con la lactancia y una recuperación emocional complicada.

Caminar suavemente cuando el equipo médico lo indica ayuda a recuperarse. Eso no significa que ya estés lista para cargar cosas pesadas o hacer todas las tareas de la casa.

No hay una respuesta universal a cuál es más duro. Depende de cómo fue el nacimiento, de las complicaciones y de cada cuerpo.

La vía de nacimiento se decide según la situación de la mamá y del bebé, con información y acompañamiento médico. Y cualquiera que haya sido, la recuperación merece cuidados.

OTRAS SEÑALES QUE NO DEBES DEJAR PASAR

Después del parto, busca atención inmediata si aparece fiebre de 38 grados o más, dificultad para respirar, dolor en el pecho, dolor de cabeza fuerte que no cede o cambios en la visión.

También si una pierna se hincha y duele, especialmente de un solo lado.

Al llegar, di desde el principio: “Acabo de tener un bebé”, y hace cuánto fue. Ese dato importa, aunque el problema parezca no tener relación con el parto.

SI VAS A ACOMPAÑAR A UNA MAMÁ, HAZ ESTO

Llévale comida lista. Acércale agua. Lava la ropa. Cambia pañales. Atiende a los otros hijos. Organícense para que tenga momentos de descanso.

Si hay visitas, que alguien más las atienda. Ella necesita recuperarse.

Pregúntale cómo va el dolor, si ha podido comer, dormir o ir al baño. Escucha la respuesta sin compararla con otra mujer que “a los tres días ya hacía de todo”.

Y si te dice que algo está mal, ayúdala a buscar atención.

También necesita sus propias consultas después del nacimiento. Su salud sigue importando cuando el bebé ya está afuera.

Una mamá puede sonreír en la foto y necesitar mucha ayuda cuando se apaga la cámara.

Si eres su pareja, acompáñala, cuídala y ayúdala a descansar.

Y la próxima vez que nazca un bebé en tu familia, además de preguntar por él, pregunta por ella.

¿Cómo estás tú?

¿Dónde te duele?

¿Qué puedo hacer hoy para ayudarte?

Comparte este video. Puede ayudar a que una mamá deje de pasar su recuperación sola.

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