El hígado es el órgano más callado del cuerpo. No duele, no avisa, y puede pasar años enfermándose mientras tú te sientes bien. Por eso lo que más lo daña no es lo que crees: son 3 cosas que hacemos casi todos y que parecen inofensivas. Envía esta información al grupo de WhatsApp de tu familia; puede evitar que alguien cometa este error.
Uno: el azúcar. Hoy la enfermedad de hígado más común no viene del alcohol, viene de la comida. Se llama hígado graso: el hígado se llena de grasa y con los años se puede dañar igual que con el alcohol. Está muy ligado al refresco, los jugos, el pan dulce, la fritura, el sobrepeso y la diabetes. Lo bueno es que se puede revertir. Bajar aunque sea un poco de peso, entre 5% y 10%, ya mejora el hígado. Cambia el refresco por agua, sirve más verdura y menos fritura, y camina un rato cada día. Con eso ya estás haciendo lo más importante.
Dos: el paracetamol. Parece inofensivo porque se vende sin receta y se lo damos hasta a los niños. Pero en exceso es una de las principales causas de falla del hígado. El problema casi nunca es una pastilla: es tomarlo varios días seguidos pasando la dosis de la caja, o tomarlo doble sin saberlo, porque muchos medicamentos para la gripa también lo traen. Lee la caja y no lo combines con alcohol.
Tres: los tés y suplementos para "limpiar" el hígado. No sirven. El hígado se limpia solo, y ningún producto lo desintoxica. Peor aún: algunos suplementos de hierbas, incluyendo varios que se venden justo para el hígado, han causado daño hepático. Si no lo recetó un médico, no lo tomes.
Y la que sí conoces: el alcohol. Sigue siendo la causa más importante de cirrosis. No hay una cantidad segura. Entre menos tomes, mejor, y si tomas, que no sea todos los días.
¿Cuándo ir al médico? Si tienes sobrepeso, diabetes o tomas alcohol seguido, pide que revisen tu hígado con un análisis de sangre, aunque te sientas bien. Como no duele, hay que buscarlo antes de que avise.
Y estas son señales de que ya está dañado: piel u ojos amarillos, orina muy oscura, popó muy clara, panza hinchada o moretones que salen sin golpe. Si ves alguna, acude al médico pronto.
Esta información es educativa y no sustituye la valoración de un profesional de la salud. Ante una emergencia, llama al 911 o al número de emergencias de tu país.
Una cuarta que tampoco avisa: los virus de la hepatitis
Las hepatitis B y C inflaman el hígado y pueden quedarse años sin dar molestias. Según la OMS, la mayoría de las personas no siente nada al infectarse de hepatitis B, y la C puede pasar décadas sin síntomas, hasta que el daño ya es grave.
Se transmiten por la sangre; la B, también por otros líquidos del cuerpo:
- Agujas o jeringas compartidas o reutilizadas.
- Tatuajes o perforaciones con material contaminado.
- Relaciones sexuales sin protección.
- De la mamá al bebé durante el parto.
La hepatitis C no se pasa por abrazar, besar ni compartir comida. Las dos se detectan con un análisis de sangre y, según la OMS, el tratamiento actual cura la C en más de 95% de los casos.
Dos errores con el analgésico del punto dos
El primero es esperar a sentirse mal: cuando alguien toma de más, los síntomas pueden tardar 12 horas o más en aparecer. El segundo es buscar un remedio casero: no existe ninguno.
Y no es el único: otros analgésicos y antiinflamatorios de venta libre también pueden inflamar el hígado.
Cuándo sí es urgencia
Si alguien en casa tomó más de lo que indica la caja, no esperes síntomas: llama al 911 o llévalo a urgencias de inmediato.
- Lleva el envase.
- Ten a la mano la edad y el peso de la persona, qué tomó, cuánto y a qué hora.
- Si no tienes esos datos, pide ayuda igual.
Según MedlinePlus, cuando el tratamiento empieza en las primeras 8 horas hay muy buena posibilidad de recuperación.
