Si él es albañil, mecánico, jornalero, pintor o soldador, su pantalón trae plomo, polvo de cemento, asbesto o pesticida, y en la lavadora todo eso se pasa a la ropita del bebé.
Lo que trae cada oficio: el albañil, sílice del block y el concreto, y a veces asbesto de láminas viejas; el mecánico, plomo de baterías y asbesto de balatas; el jornalero y el fumigador, pesticida; el pintor, solventes y plomo de pinturas viejas; el soldador, metales. Ninguno se ve, ninguno huele, y todos se pegan a la tela. Los médicos le llaman exposición paraocupacional: el trabajo se va a la casa en la ropa, y los que más lo resienten son los niños chicos, que absorben más y gatean donde cae.
Y la lavadora no lo arregla: lo reparte. Si metes el pantalón del taller con los mameluco del bebé, el agua saca el polvo de uno y lo deposita en el otro. Hay esposas de trabajadores del asbesto que enfermaron de los pulmones sin haber pisado nunca la obra: solo lavaban la ropa. Y la que más respira es la que la sacude antes de meterla.
CÓMO SE LAVA
Nunca la sacudas seca, y menos adentro de la casa: sacudirla levanta todo el polvo al aire. Mójala primero, en una cubeta o en el lavadero, y déjala remojar; el agua atrapa el polvo. Lávala aparte, sola, con agua caliente si la tela lo aguanta y con el ciclo más largo. Después, corre la lavadora vacía con agua caliente antes de meter la ropa de los niños. Y la ropa de trabajo no se cuelga junto a la de ellos ni se dobla en la misma mesa.
Si él llega, se cambia afuera o en el lavadero, la ropa va a una bolsa o cubeta con tapa, y las botas se quedan en la puerta. Bañarse antes de cargar a los niños, y la cabeza bien lavada, que ahí se queda casi todo.
Y si en la casa alguien es enfermera o médico: el uniforme igual, aparte y con agua caliente, porque trae lo del hospital.
No es exagerar. Es que tú lavas la ropa de toda la familia, y con eso también puedes proteger a toda la familia.
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Lo más seguro: que esa ropa no llegue a casa
El instituto de seguridad laboral de Estados Unidos (NIOSH, parte de los CDC) estudió familias contaminadas desde el trabajo y llegó a una conclusión incómoda: la limpieza y el lavado normales de casa muchas veces no alcanzan, sobre todo con plomo, asbesto y plaguicidas. Por eso su primer consejo es cortar el camino antes:
- Cambiarse de ropa y de zapatos antes de salir del trabajo, y bañarse ahí si hay regadera.
- Dejar la ropa sucia en el trabajo cuando ahí la lavan.
- Guardar la ropa de calle lejos de la de trabajo.
- No llevar a casa herramienta, trapos, envases ni sobrantes de material.
- Que la familia no visite el taller, la obra ni el campo que están fumigando.
El carro también cuenta: lo que viene en la ropa se queda en los asientos. Y si el taller está en la misma casa, separa el área de trabajo de donde vive la familia.
En casa: trapo húmedo y manos limpias
- Limpia pisos y superficies duras con trapeador o trapo húmedo una vez por semana.
- Lávales las manos a los niños con agua y jabón varias veces al día.
- Lava seguido sus juguetes, biberones y chupones.
- Los zapatos de trabajo nunca se usan dentro de la casa. Guárdalos en una bolsa de plástico cerrada.
Cuándo pedir un análisis y cuándo es urgencia
Con el plomo no esperes síntomas. Los CDC explican que la mayoría de los niños expuestos no tiene ninguno y que la única forma de saberlo es un análisis de sangre. Según la OMS, un niño pequeño absorbe entre cuatro y cinco veces más plomo que un adulto, y no existe un nivel seguro. Cuéntale al pediatra en qué trabaja el papá y pregunta por ese análisis. Avisa también si hay una embarazada en casa.
Con los plaguicidas sí puede haber una intoxicación de golpe. La Secretaría de Salud describe diarrea, salivación excesiva, vómito y temblores. Si pasa, quítale la ropa impregnada, lávale la piel con agua y jabón y llama al 911.
