Nunca le pongas alcohol a tu hijo para bajarle la fiebre. Dile a tu familia, porque en muchas casas todavía es lo primero que se saca.
Fomentos de alcohol en el pecho, en la espalda, en los pies. Se hace con todo el amor, y al tocarlo parece que funciona, porque la piel se siente fresca. Pero adentro está pasando otra cosa.
La piel de un niño es delgada y absorbe el alcohol, y además se lo respira mientras se evapora. En un cuerpo tan chico, poquito alcohol basta para intoxicarlo: le baja el azúcar, se pone muy dormido o irritable, y en los casos graves puede convulsionar. Y como ya tenía fiebre, nadie sospecha que fue el alcohol.
Además, no baja la fiebre. Al enfriar la piel de golpe, el cuerpo cree que tiene frío y empieza a temblar para calentarse, y la temperatura de adentro sube. Lo mismo pasa con el baño de agua fría o con hielo.
Lo que sí funciona es sencillo: ropa ligera, sin cobijas encima, que tome agua o suero seguido, y el medicamento que te indique el pediatra en la dosis de su peso, no "la mitad de la pastilla de los grandes". La fiebre es el cuerpo peleando contra la infección; lo que importa es cómo está tu hijo.
Llévalo a urgencias si la fiebre pasa de 40 o dura más de 3 días, si convulsiona, si le cuesta respirar, si no hace pipí en 8 horas, si tiene el cuello duro, o si le salen puntitos rojos o morados que no se borran cuando aprietas la piel con un vaso.
MÁNDASELO A LAS ABUELITAS Y A LAS TÍAS. EL FRASCO DE ALCOHOL SIEMPRE ESTÁ A LA MANO CUANDO EL NIÑO SE CALIENTA.
