Cuando el corazón se detiene, cada segundo cuenta. La reanimación cardiopulmonar (RCP) mantiene la sangre oxigenada llegando al cerebro hasta que lleguen los servicios de emergencia. No necesitas ser profesional: necesitas actuar.
Antes de empezar: comprueba y llama
Confirma que la persona no responde y no respira con normalidad. Sacude sus hombros y pregunta en voz alta si te escucha.
Pide a alguien que llame de inmediato al número de emergencias de tu país y que consiga un desfibrilador (DEA) si hay uno cerca. Si estás solo, llama tú primero y pon el altavoz.
La técnica, paso a paso
- Coloca a la persona boca arriba sobre una superficie firme.
- Pon el talón de una mano en el centro del pecho y la otra mano encima, con los dedos entrelazados.
- Comprime fuerte y rápido: deja que el pecho baje unos 5–6 cm en cada compresión.
- Mantén un ritmo de 100 a 120 compresiones por minuto (el de la canción «La Macarena» o «Stayin' Alive»).
- Permite que el pecho vuelva a subir del todo entre compresión y compresión.
- No te detengas hasta que la persona reaccione o llegue ayuda profesional.
Los errores que restan eficacia
- Comprimir demasiado flojo por miedo a hacer daño: la RCP eficaz es firme.
- Parar para «comprobar» constantemente: interrumpir reduce el flujo de sangre.
- Apoyar las manos sobre las costillas o el estómago en lugar del centro del pecho.
Redacción Primeros Auxilios