Tiene 80 años, ha rescatado gente en más de 22 países y en cuatro décadas ninguno de sus voluntarios ha muerto en una misión. Pero Héctor "El Chino" Méndez no estudió para esto. Todo empezó el 19 de septiembre de 1985, cuando salió a buscar a su hermano entre los edificios caídos de Tlatelolco. Lo encontró con vida... y en esa búsqueda descubrió su verdadera misión: sacar personas de entre los escombros. Así nació el Topo Mayor, el rescatista más querido de México. Ayúdame a que todo México conozca la historia del Topo Mayor, el mejor rescatista del mundo.
Su primer rescate lo marcó para siempre. Ese mismo día entró al edificio Nuevo León, uno de los más devastados, y pasó cerca de diez horas ayudando a sacar a una mujer con vida. Sin casco, sin protocolo, sin entrenamiento.
Como él, cientos de voluntarios se metían a túneles estrechos, oscuros e inestables debajo de los edificios caídos. La prensa les puso un nombre que se quedó para siempre: los Topos.
Desde entonces, El Chino Méndez ha llevado su brigada a más de 22 países en cinco continentes: Haití, Turquía, Italia, Argentina, Estados Unidos... Su chamarra naranja está tapizada de banderas, una por cada país donde ha rescatado gente. Él las llama "signos de fraternidad".
A los Topos se les atribuye el rescate de más de mil personas. Y hay un dato casi increíble: en 40 años de meterse a estructuras colapsadas, ningún topo ha muerto en una misión. Méndez lo explica con una regla simple: el jefe siempre va adelante. Si sale con 20 voluntarios, regresa con 20.
Su brigada, los Topos Azteca, no acepta donativos en dinero ni depende de ningún gobierno. Trabajan con sus propios recursos. Su filosofía viene de un decálogo inspirado en la tradición yaqui: "No hay padre, no hay madre. No hay noche, no hay día. No hay frío, no hay calor". Solo servir.
Y no es historia del pasado. Hoy, a sus 80 años, el Topo Mayor está en Venezuela, rescatando víctimas del doble terremoto de junio de 2026. Es su tercera misión en ese país. Cuando le preguntan por qué sigue, su respuesta es la misma de hace 40 años: vive para servir, para ayudar.
Los superhéroes existen. No vuelan: se arrastran entre los escombros.
Redacción Primeros Auxilios