Muchos niños que no se concentran, que van atrasados en la escuela o que "no entienden", tienen un papá que llega del taller con las manos y la ropa llenas de plomo. Y nadie en la casa lo sabe.
No es culpa de él. Los mecánicos mantienen andando a medio México, con las manos, en un taller donde nadie les dio una hoja de seguridad. Pero en ese taller hay tres cosas que se van a la casa sin que las vean: plomo de las baterías, de las terminales y de las soldaduras; asbesto de las balatas y clutches viejos, que suelta fibras al lijarlos o soplarlos; y el aceite quemado, que trae metales y residuos de gasolina. Todo eso se queda en las manos, en las uñas, en la ropa y en las botas. Y así llega a la casa.
LO QUE HACE EL PLOMO EN UN NIÑO
El plomo no huele, no se ve y no duele. Cae del pantalón al piso, del piso a las manos del niño que gatea, y de las manos a la boca. Un niño chico absorbe 4 o 5 veces más plomo que un adulto con la misma cantidad, y ese plomo se va directo al cerebro que se está formando. El daño es este: menos atención, menos memoria, problemas para aprender a leer, y puntos de inteligencia que se pierden y no se recuperan. Por eso la mamá lo ve "distraído", el maestro lo ve "lento", y nadie piensa en el taller. La Organización Mundial de la Salud lo dice sin rodeos: no existe un nivel seguro de plomo para un niño.
Y en México no es raro: la encuesta nacional de salud encontró que 17 de cada 100 niños de 1 a 4 años tienen plomo en la sangre en niveles de intoxicación, y una de las fuentes que mide es justamente tener en casa a alguien que trabaja en un taller mecánico, de pintura, de baterías o de soldadura. A eso los médicos le llaman exposición paraocupacional: el papá es el vehículo, sin saberlo.
LO QUE HACE EL ASBESTO
Las balatas viejas y muchos empaques traen asbesto. Cada vez que se lijan o se soplan con aire, sueltan fibras que se pegan en la ropa y en el pelo. En la casa, la esposa que lava el pantalón es la que más las respira. El asbesto causa cáncer de pulmón y mesotelioma, que aparece 20 o 30 años después; hay estudios de esposas de mecánicos y de trabajadores del asbesto que enfermaron solo por lavar la ropa.
LO QUE SÍ SE PUEDE HACER, SIN GASTAR CASI NADA
En el taller: nunca soplar balatas con aire comprimido; mojarlas o limpiarlas con trapo húmedo. Lavarse las manos con jabón antes de comer, antes de fumar y antes de irse, y las uñas con cepillo, porque ahí se queda el plomo. Comer fuera del área de trabajo.
Al llegar: la ropa del taller se queda afuera, en una bolsa o cubeta, y se lava aparte de la de los niños, mojándola primero, nunca sacudiéndola seca. Botas afuera. Bañarse antes de cargar a los hijos, y lavar bien la cabeza. Y las manos, otra vez, antes de tocar al bebé.
Y una que casi nadie hace: si en la casa hay alguien que trabaja en un taller, pedir al pediatra una prueba de plomo en sangre para los niños chiquitos. Es un análisis, y si sale alto, se puede actuar antes de que el daño avance.
Mecánico: lo que tú haces sostiene a tu familia. Por eso vale la pena que llegues limpio.
MANDA ESTA INFORMACIÓN A QUIEN TENGA UN MECÁNICO EN CASA. ÉL NO LO SABE, Y ELLA TAMPOCO.
