Fumas afuera, en el patio, en el carro con la ventana abajo, y crees que no les llega. Les llega: en tu ropa, en tus manos, en el sillón, y en cada abrazo.
Hay dos humos que tu hijo respira sin fumar. El primero es el que ves: el humo de segunda mano, cuando alguien fuma cerca. El segundo casi nadie lo conoce: el humo de tercera mano, el residuo que se queda pegado en la ropa, el pelo, la piel, el sillón, las cortinas y el carro después de que apagaste el cigarro. Trae nicotina, plomo, arsénico y más de 60 sustancias que dan cáncer, y no se va con abrir la ventana ni con el ventilador: dura meses en las telas. Un estudio en Estados Unidos midió nicotina en las manos de niños con papás que decían fumar solo afuera, y la diferencia con los que fumaban adentro fue mínima.
EN LOS PULMONES
Un niño respira más rápido que tú y sus pulmones todavía se están formando. Los hijos de fumadores tienen más asma, y el asma les da más fuerte; más bronquitis y neumonía en el primer año de vida; tos que no se quita; gripas que duran el doble. Y sus pulmones pueden no desarrollarse por completo; eso se lo llevan de adultos.
EN LOS OÍDOS
Es la que las mamás no relacionan: infecciones de oído una tras otra. El humo inflama el tubo que conecta el oído con la garganta, se tapa, y las bacterias se quedan. El niño que vive con un fumador se enferma de los oídos mucho más que el que no.
EN LOS BEBÉS
Aquí es lo más grave. Los bebés que viven con fumadores tienen el doble de riesgo de muerte de cuna, la muerte súbita del primer año. Y no hace falta fumar en el cuarto: el residuo en la ropa del papá que lo carga y en la cobija donde duerme también cuenta.
Y de grande: el niño que crece oliendo a cigarro tiene más probabilidad de fumar, más caries, y más riesgo de cáncer de adulto por lo que respiró de chico.
LO QUE SÍ PUEDES HACER SI FUMAS
Lo primero, obvio, es dejarlo, y hay ayuda gratis en el IMSS y en los centros de salud. Mientras: nunca dentro de la casa ni del carro, ni con la ventana abajo. Después de fumar, lávate las manos y la cara, y cámbiate la camisa antes de cargar al bebé o de abrazar a los niños; la chamarra "de fumar" se queda afuera. Que nadie fume en el cuarto de los niños, nunca, ni cuando no están. Y si el que fuma es el abuelo o el tío que los cuida, la regla es la misma, aunque se enoje.
Tu hijo no eligió fumar. Lo está haciendo contigo, en cada abrazo. Que el abrazo sea limpio no cuesta nada.
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No hay cantidad segura, y el vapeador tampoco se salva
Ninguna cantidad de humo ajeno es segura: aun la exposición baja puede hacer daño. Tampoco sirve fumar solo en un cuarto o solo a ciertas horas; eso no elimina lo que respiran los demás.
El cigarro electrónico no es la salida: el aerosol que suelta también lo respira quien está cerca, y lleva nicotina, metales pesados como el plomo y sustancias que causan cáncer.
Si hay una embarazada en casa
La regla empieza antes de que nazca el bebé. Respirar humo ajeno durante el embarazo se relaciona con complicaciones, parto prematuro, bebés de bajo peso y pulmones que no se desarrollan bien.
Cuándo llevar al niño a urgencias
Los niños que conviven con fumadores van más veces a urgencias y su asma es más difícil de controlar. Si a tu hijo le silba el pecho o la tos lo despierta de noche, llévalo a consulta. Llama al 911 si:
- No puede caminar o hablar por la falta de aire.
- Se encorva para poder respirar.
- Tiene los labios o las uñas morados o grises.
- Está confundido o reacciona menos que de costumbre.
Dónde pedir ayuda para dejarlo
La Línea de la Vida, 800 911 2000, atiende las 24 horas los 365 días del año y orienta para dejar de fumar. Con asesoría y tratamiento médico, la probabilidad de lograrlo puede subir a más del doble. Pon una fecha, y si recaes vuelve a intentarlo: muchas personas necesitan más de un intento.
